Un año en la vida de un viticultor
Producir Champagne es mucho más que cultivar la viña. Significa acompañar a un vino durante varios años. También significa vivir al ritmo de las estaciones, tomar decisiones cada día tanto en el viñedo como en la bodega, trabajando en armonía con la naturaleza.
Entonces, ¿cómo es un año en la vida de un viticultor y productor de Champagne?
Invierno: preparar la próxima cosecha y cuidar los vinos
Mientras el viñedo permanece en reposo vegetativo, el invierno está lejos de ser una estación tranquila. Es el comienzo de la poda, una etapa esencial que determina en gran medida la futura cosecha, garantizando una mejor circulación de la savia hacia las yemas. Durante varios meses, cada cepa se poda cuidadosamente a mano para controlar su vigor y favorecer una producción equilibrada. Este gesto ancestral, transmitido de generación en generación, requiere paciencia y un saber hacer único.
En la bodega, las botellas continúan su proceso de crianza, mientras que el vino de la última vendimia se supervisa cuidadosamente para garantizar su calidad antes del embotellado.
Primavera: el despertar de la vid
En primavera, el paisaje de Champagne está en constante transformación. La vid crece día tras día y aparecen las primeras yemas, anunciando el nacimiento de los futuros racimos. Durante este período se llevan a cabo diversas labores de mantenimiento del viñedo para garantizar su correcto desarrollo: eliminación de brotes innecesarios, colocación de los sarmientos, entutorado y mantenimiento de los suelos. El objetivo es acompañar y estructurar la vid respetando al mismo tiempo el equilibrio natural del viñedo. Esta estación, en la que las yemas nacen, se transforman en flores y posteriormente en frutos, está llena de cambios, evolución e incertidumbre debido a los desafíos meteorológicos. En Champagne, el riesgo de heladas primaverales o de granizo forma parte de las principales preocupaciones, ya que puede afectar significativamente a la futura cosecha.
En la bodega tampoco hay descanso. Es una época importante: la del embotellado. Antes de embotellar, evaluamos las características visuales, aromáticas y gustativas de los vinos para crear nuestros ensamblajes. Seleccionamos exclusivamente las variedades Chardonnay y Pinot Noir para elaborar cuvées con aromas frescos, afrutados, golosos, florales y ligeramente ácidos, logrando un equilibrio perfecto entre finura y estructura.
Una vez finalizado el embotellado, las botellas se almacenan cuidadosamente en nuestras bodegas durante varios meses de reposo, donde continúan su proceso de crianza. El tiempo se convierte entonces en un auténtico aliado: mes tras mes, año tras año, afina las texturas, desarrolla los aromas y revela toda la complejidad del vino. Este largo período de espera exige paciencia, pero es indispensable para reflejar nuestras cuvées tal y como las imaginamos.
Verano: acompañar la maduración de las uvas
Durante el verano, cuando los racimos se desarrollan y las bayas comienzan a colorearse, seguimos atentamente su evolución. Cada parcela madura a su propio ritmo y requiere una atención particular. El desafío consiste en preservar el potencial de cada racimo antes del inicio de la vendimia, un momento en el que cada día cuenta.
En la bodega, y como durante todo el año, el trabajo continúa en torno a nuestras diferentes cuvées. También es el momento de realizar el degüelle de las botellas que han alcanzado su madurez, una etapa esencial que consiste en eliminar los depósitos naturales formados durante la crianza.
Posteriormente, las botellas se preparan cuidadosamente: colocación de etiquetas, cápsulas y collarines. Cada detalle cuenta para preparar las cuvées que pronto abandonarán nuestras bodegas para encontrarse con los amantes del Champagne.
La vendimia: el fruto de un año de trabajo
Después de meses de preparación, finalmente llega el momento de la vendimia. Cada cosecha es única y se adapta a las condiciones climáticas del año.
Esta etapa meticulosa comienza mucho antes de los primeros cortes de tijera. Desde que las bayas empiezan a cambiar de color, observamos atentamente la evolución de su maduración para determinar la fecha óptima de vendimia en cada parcela. Es necesario alcanzar el equilibrio perfecto entre el contenido de azúcar y la acidez para obtener un mosto de calidad. Si se cosecha demasiado pronto, las uvas carecerán de madurez; si se espera demasiado, podrían perder su frescura.
La vendimia se realiza manualmente para preservar la integridad de la fruta, y cada racimo se selecciona cuidadosamente. Las uvas se transportan inmediatamente al lagar para ser prensadas y posteriormente transferidas a los depósitos. La vendimia sigue siendo el momento más intenso del año: aquel en el que se materializan los esfuerzos de toda una temporada.
Otoño: de la viña al vino
Una vez finalizada la vendimia, comienza una nueva aventura. Se inician las primeras fermentaciones y los mostos revelan progresivamente su personalidad. Cada depósito cuenta la historia de un viñedo, de una variedad de uva, de una exposición o de una añada climática particular.
Nuestra función consiste en seguir la evolución de los vinos y revelar el potencial de cada depósito para construir la identidad de nuestras diferentes cuvées.
Mientras tanto, la viña entra gradualmente en una nueva fase de reposo. Las hojas adquieren sus colores otoñales antes de caer lentamente, anunciando el final del ciclo vegetativo.
Una pasión que no conoce estaciones
Ser viticultor en Champagne significa vivir en contacto permanente con la naturaleza, aceptar sus imprevistos y celebrar sus éxitos. También significa preservar un patrimonio, transmitir un saber hacer y perpetuar gestos que, en algunos casos, tienen siglos de historia.

